Un paso más como escritor

Hace ya un tiempo que terminé de escribir el guión en el que estaba trabajando. Me ha llevado unos dos años y tres borradores, alternándolo con el trabajo y la familia. Finalmente terminé una cuarta versión de la que tampoco terminé muy convencido. Me propuse metas y fechas límite para terminarlo, porque por muchas vueltas que le des a un guión, nunca parece estar terminado, ni resultarte del todo redondo. Supongo que hasta que no sea perfecto, no consideraré que está totalmente terminado.

Pensé que al terminar de escribir este guión ya dejaría atrás la historia que quería contar. Empezaría otro camino para darlo a conocer y que se convirtiera en película, que se supone es su destino final.

Pero la historia no se quedó atrás. No me liberé de ella y seguía persiguiéndome. El guión no me había permitido contar todo lo que quería expresar, pero no podía ampliarlo. El guión cuenta con una estructura y un estilo muy definido, y es cuando se convierte en película, cuando se desarrollan todas las emociones que intentas volcar en él.

No me quitaba la sensación de que no lo había terminado de expresar todo lo que tenía dentro con aquel guión. Mi personaje principal me resultaba demasiado complejo como para no dotarle de más dimensión, por lo que me puse a escribir sobre él y lo que le sucedía. Ahondando más en su pasado, de dónde venía y lo que quería conseguir.

Me di cuenta entonces que todos los personajes tenían mucho más que decir, que contar, y que los había encajado en un número de páginas determinado, a unos actos, y a un formato que los limitaba y no les permitía crecer.

Cuando eso ocurre te das cuenta de que es el momento de dar el, atrevido, salto de convertir tu guión en una novela.

Así que me he decidido. Tengo la estructura, la trama, los personajes y la documentación. Un trabajo previo que me ayuda a dar ese paso sin que suponga enfrenarme a un papel en blanco. No parto de cero y eso es lo que me ha impulsado. Si no hubiese sido así tendría auténtico pánico a enfrentarme a escribir una novela.

Será un trabajo duro, largo, de aprendizaje, y al que tendré que dedicarle muchas horas, compaginándolas con el día a día, el trabajo y la familia. Pero no hay prisa. Mi mente me lo pide, al igual que la historia.

No es más que un paso más de un escritor novel. Un escritor piloto que disfruta sentándose, todos los días que puede, delante del ordenador y que deja que los personajes piensen y hablen a través de él. Un escritor que poco a poco intentará mejorar su técnica y el estilo, para estar a la altura de una profesión a la que respeta enormemente.

 

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